Tras la retirada de 1939, mis padres se sintieron frustrados no por haber perdido la guerra, sino por haber perdido la revolución en la que habían creído. Al sentimiento de que, durante un tiempo, habían logrado conciliar utopía y realismo, se unió el de haber sido incomprendidos y abandonados por las clases trabajadoras francesas y europeas. La mayoría de ellos, y algunos de sus hijos, siguieron luchando como pudieron contra el franquismo, en Francia —con los ojos puestos en el Interior— en la Resistencia y, luego, tras la Liberación, en apoyo del maquis español o como «pasadores de esperanza»...
Colección Colossus, n. 24, 13x18 cm, 285 p., 2026.
979-13-991244-2-2